VII Cumbre de las Américas
¿Algo más que un nuevo velorio para el ALCA?
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía
Esta vez la Cumbre de las Américas no cuenta con el besamanos genuflexo
tradicional y unísono. Llega con el antecedente de las declaraciones de CELAC,
ALBA y UNASUR… además de millones de firmas y movilizaciones que repudian la
voz del imperio en el decreto de Obama que acusa a Venezuela de “amenaza”. La
bestia imperial acude hambrienta de recursos naturales y mano de obra barata. Anhela
un festín bélico condimentado con barbarie y humillación a destajo para
adueñarse de un “mercado” con 600 millones de habitantes y riquezas naturales
extraordinarias y un PBI superior a los 5 billones de dólares.[1]
La industria de las armas sobrevuela.
En el mundillo de la diplomacia burguesa eso es un “clima adverso”. En
el proceso independentista y revolucionario -que está completándose- ese clima es
un signo (incipiente) de los tiempos y de las urgencias. Por ejemplo Cuba logra
la libertad de los 5 héroes y es sede de los diálogos Paz para Colombia. Por
ejemplo, UNASUR, en voz de Samper, propone extirpar todas las bases militares
norteamericanas en Latinoamérica y el Caribe.[2]
Por ejemplo, Argentina ha dado una batalla extraordinaria contra los “fondos
buitre” que desnudó las intereses verdaderos de los “intereses”. Los tiempos
cambiaron. Pero Ollanta auspicia la llegada de más soldados yanquis y Peña
Nieto pide que se les permita andar armados en todo el territorio. Santos dice
que Colombia es la Israel de Latinoamérica. Capriles, Uribe, Macri, Masa se
reúnen y dicen que el “futuro” debe ser el modelo aplicado en México. El Reino
Unido hace alharacas en las Malvinas argentinas, China y Rusia advierten que no
permitirán agresiones a Venezuela mientras arrecian las operaciones golpistas
en Brasil y en Argentina. El crimen organizado (por el capitalismo) hace de las
suyas con toda impudicia y toda impunidad. Honduras vive un baño de terror
inenarrable y el Caribe vuelve a ser amenazado con des-abastecimiento de
hidrocarburos.
A cualquier “clima adverso” se le imponen golpes de estado y, acompañando
esa variable, hoy se acentúa como ariete invasor un “Plan Cóndor Mediático” o
“Plan Buitre Mediático” (según las mutaciones del imperio) que tiene cabeceras
operacionales en los países miembro de la “Alianza del Pacífico”. Y nosotros no logramos consolidar una
Revolución Continental de la Comunicación para la emancipación. No logramos una
cumbre de presidentes que discuta la Comunicación como un problema de seguridad
regional porque, a todas vistas, se despliega una “Guerra de Cuarta Generación”
instrumentada profusamente con armas de guerra ideológica.
¿Qué espera Obama y qué esperan sus jefes de esta reunión en la que sí
estará Cuba? En la agenda del imperio la obsesión de resucitar el ALCA cuenta
con secuaces de todo tipo sembrados en la región y camuflados con todo tipo de
artilugios. No es difícil detectarlos porque su discurso vetusto además de
disonante hiede, pero eso no implica que sea sencillo desactivar sus
operaciones territoriales. Siembran miedo, zozobra, calumnias y angustia en
todo lo que tocan e invierten fortunas en tácticas de guerra sicológicas
disfrazadas de “noticieros” o programas de “opinión”. Invierten además sumas
locas en propaganda “prime time” para convencernos de que en esa guerra
psicológica no existe. Es parte de la guerra y de la lucha de clases.
¿Qué esperamos nosotros? Hay que desactivar la guerra económica y la
guerra mediática. Hay que arrebatarles todas las armas con que nos ataquen sean
fusiles, iglesias o universidades. Hay que repudiar y anular todo género de sanciones
que USA quiera imponer a Venezuela o cualquier otro país. Hay que frenar todo
genero de avance militar yanqui en la región. Es inexcusable llegar a esta VII
Cumbre de las Américas ratificando el apoyo Latinoamericano y Caribeño (y
además planetario) a Nicolás Maduro porque defender a Venezuela es defender la
soberanía y la unidad de la Patria Grande que es la humanidad. Pero más
importante que todo un arsenal de argumentos y denuncias contra del imperio y
su perversión, hay que acordar, es decir fijar tareas irrenunciables e
inmediatas, para la profundización de todo proceso de independencia y
revolución. Completar las tareas revolucionarias en Venezuela, Ecuador, Cuba,
Argentina, Brasil… no habrá seguridad ni paz en la región en tanto el
capitalismo, exógeno y endógeno, siga teniendo intocados sus nichos de saqueo
de recursos naturales, explotación de la clase trabajadora y sojuzgamiento
mediático de las conciencias. No lloremos sobre la leche derramada. Es hora de
la unidad.
No acudamos a esa VII Cumbre sin una agenda de unidad, de integración y
de acción estratégica para el corto plazo. No acudamos sin una nueva doctrina
diplomática y revolucionaria antiimperialista y anticapitalista. No acudamos
sin un baño de auto-crítica científica que no sea hija de la “buena fe” o de
ciertas culpas funcionales. No acudamos sin una herramienta para reparar los
errores y convertirlos en fortalezas. No acudamos sin un plan que profundice y
perfeccione la lucha en defensa del planeta, de la clase trabajadora y de la
subjetividad colectiva. No acudamos sin una herramienta poderosa para enriquecer
nuestra integración y salvación con el consenso las mejores luchas sociales para
superar al capitalismo sin cometer errores añejos. Y todo lo que se acerque a
eso.
El objetivo de la Cumbre no debe ser sólo hablarle a Obama, no lo
hagamos la estrellita de la fiesta. El objetivo es hablarnos entre
nosotros sobre cómo avanzar en las tareas emancipadoras. Hablarnos
descarnadamente, fraternalmente. Nos va la vida. Obama debe llevarse de esa
Cumbre una orden poderosa y aleccionadora de respeto y dignidad para los
pueblos que es la orden de un mundo que decretó la muerte del ALCA en Argentina.
Debe mirar el féretro de la impudicia y la impunidad imperial y ver la cuna de
una región pujante que nace con herencias independentistas y revolucionarias, dispuesta
a no ser arrodillada. Ese es el mandato de la lucha de clases, el mandato de
los pueblos. Esa es nuestra agenda ineludible. La orden de la Historia.

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