¿Nuevos
Golpismos Democráticos?
Conquistar votos para aniquilar democracias
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía
Hoy la antidemocracia está operando por adentro de
las democracias. Es como un parásito que para vivir destruye el cuerpo que lo hospeda.
No dejemos que nos aturda esa “casa de espejos” o “fiesta de disfraces”
oligarca, plagada con paradojas y hurtos demagógicos de ocasión. Ellos saben que
una de sus pocas alternativas golpistas es la alternativa “destituyente”
operada desde las fisuras internas de
las democracias. El objetivo es meter su “Caballo de Troya” electoral para
desembarcar privatizaciones travestis. Han sofisticado las formas y los medios,
se han vuelto más escurridizos y más chantajistas y han logrado convencer a
muchas de sus víctimas de que ellos son “alternativa”. No nos confundirán, el
debate de fondo sigue siendo es el debate capital-trabajo.
5 disfraces
de la antidemocracia:
·
Se victimizan a ultranza para hacernos creer que
“democracia” es cosa de “candidatos” y de “márquetin”, no de programas.
·
Hablan con parsimonia y acusan de “confrontativo”
a todo lo que no les acomoda.
·
Esconden sus negociados de clase con palabrería “progresista”,
reformista y elitista.
·
Mucha televisión, mucha “imagen pública”, mucha
prensa y mucho maquillaje. Carnaval de vanidades vende patria.
·
Usurpan todas las banderas, los vocabularios y
las fuerzas para asaltar el poder y luego desecharlas.
Ahora las oligarquías
se empeñan el llegar al poder político legitimándose con votos y disfrazados como
“opiniones libres” de “ciudadanos demócratas” y pagan fortunas para borrar su
pasado, para imponer la amnesia que segura impunidad a la impudicia burguesa.
Pasean por sus “medios de comunicación” exhibiendo su preocupación y crítica de
oropel contra la “inseguridad” que ellos financian y la “gestión de gobierno” que
ellos desean suprimir. Exhiben su lógica de camaleones con ansias de gestión
privatizadora y de Estado adelgazado. El cinismo se ha vuelto moral de clase cuando
el trasfondo es saquear las riquezas petroleras, hidráulicas, marítimas o turísticas
mientras explotan a la clase trabajadora a cambio de sueldos míseros,
desprotección y humillaciones sin fin. El capitalismo exultante.
En la ensalada de “personalidades”
que se proclaman candidatos del “cambio” (¿cómo olvidar a Obama?) entran faunas
de la farándula más decadente y centavera; entran gerentes en desgracia urgidos
de esconder su mediocridad con afiches callejeros; entran académicos de la
estulticia y entran fanáticos que, en público y en privado, confiesan sus
amores nazi-fascistas como si se tratara de preferencias futboleras. En su
degradación la mezcla de terratenientes y empresarios que se hacen pasar por demócratas
de la primera hora, cocinan un menú de espanto desde las embajadas yanquis que
les aportan condimentos ONG plenos de espionajes, intervencionismo y planes
represores. Eso sí será televisado.
Si el escenario electoral
ha de ser laboratorio de ensayos en el que se prueba todo tipo de canalladas;
si ha de ser campo de concentración para que la voluntad democrática termine
siendo paredón rentable que acribille a los pueblos; si ha de ser juguete
predilecto de los operadores de la guerra psicológica mass media… en fin si los procedimientos, las leyes y las
autoridades electorales han de ser testigos inútiles secuestrados por la
imaginación delincuencial de las oligarquías y sus publicitas y pase, entonces,
por “democrático” el imperio de la antidemocracia burguesa… entonces es hora de
encender las alertas de los pueblos para que tomen en sus manos, de manera
directa, el camino que ha de seguir su voluntad política desde abajo.
Vivimos un momento
magnífico para poner en escena la perspectiva de la revolución proletaria y combatir
a aquellos que en nombre de la democracia sólo pretenden destruirla. La
dinámica que se presenta a los pueblos es inevitable hacia la organización política para
la toma del poder hacia una nueva sociedad basada en órganos de poder popular
anti-imperialistas y anti-oligarcas. La lucha contra la degeneración de esas
democracias que se han ganado contra la monstruosa experiencia de las
dictaduras, no puede abandonarse para dejar el futuro en manos de oligarcas travestidos
de “populares”.
La “dictadura democrática”
que planifican consiste en legalizar su moral de no confesar lo que se piensa “porque
entonces nadie les da su voto”. Ninguna manobra deberá obligar al proletariado
a someterse al yugo oligarca por más “democrática” que ellos la pinten. No
aceptemos que la usurpación de los de medios de producción obligue a los
trabajadores a someterse al capital. No aceptemos al capital ni a sus gerentes,
por encima de los pueblos. Aunque ganen “votos”. Es preciso garantizar a los
pueblos no sólo su libre vida y forma democrática, sino también su contenido de
clase. Bajo consenso de los pueblos hay que expulsar de los procesos electorales
a los manipuladores de opinión y garantizarle la toma del poder político y la
instauración de un régimen de democracia con blindaje contra oligarcas donde la
Revolución sea el camino del pleno ejercicio de la libertad. Sin amos, sin
esclavos, sin clases sociales. Sin chantajes de candidatos.

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