Historia del Lavado de Cerebro
Filosofía
sobre detergentes mentales actualizados
Fernando
Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad
de la Filosofía
Uno de
los “clásicos” en la Historia del “Lavado de Cerebro” es hacernos creer que no
existe. Hay artífices de ese “clásico” que ofician como predicadores dispuestos
a proclamar a los cuatro vientos que a ellos nadie les lava el cerebro. Uno de
los detergentes principales de ese sistema de “lavado” es el miedo que, ya con
génesis bíblica o con ojivas nucleares, presiona nuestras vidas, minuto a
minuto, para hacernos obedientes alegres de todo aquello que nos explote, nos
humille y nos neutralice. Se trata de borranos de la cabeza todo pensamiento y
método crítico, organizativo y movilizador dispuesto a transformar la realidad monstruosa
perpetrada por el capitalismo. Lo pasan por la tele.
Hoy
parecen juego de niños todas las operaciones de amedrentamiento (inventadas
desde siempre) al lado de las imágenes perpetradas por los bombardeos a Gaza,
las parafernalias de ISIS y el despliegue macabro amplificado por la alianza entre
el “crimen organizado” y los mass media
burgueses. Los 7 pecados capitales y Orson Wells parecen cuentos de hadas. Al
final del discurso reina –impune- la moraleja que muestra el poder del daño
para someternos al engaño. ¿No es para eso que se exhibe a mansalva al cristo
crucificado?
La fase
“aguda” es cuando la víctima se convierte en voluntariosa y adquiere iniciativa
para lavarse, sola, el cerebro y lavárselo puntualmente a sus “seres queridos”.
Cuando aprende a lavarse el cerebro meticulosamente, con empeño y buen humor,
haciendo de eso exhibición moralizante entre propios y ajenos. Actitud
colaborativa y sustentable que ahorra
muchos gastos a la burguesía. La fase
aguda se expresa a sus anchas cuando
las víctimas agradecen (íntimamente y en la plaza pública) ser victimadas y
reconocen que el victimario siempre tuvo la razón y sigue teniéndola. Misión
cumplida.
El
“Lavado de Cerebro” ha cobrado formas modernas y se ha institucionalizado según
las especialidades que demanda el mercado del imperialismo. Verbigracia las
lavanderías de cerebros concentradas en saqueo de recursos naturales y
particularmente saqueo del petróleo. “Es por tu bien” dicen ellos, “es porque
no sabes cómo aprovecharlo”, “no tienes la tecnología ni la entiendes”, “es
progreso”, “es moderno”, “es transparente”… “es inevitable”. Hay joyas del cinismo y del desparpajo
consagradas en contratos, acuerdos, alianzas y decretos que cuentan con no
pocos aplaudidores con sueldo o sin él.
En la
cima de los lavaderos de cerebros destacan los, recientemente visibilizados,
“fondos buitre” que han hecho del verbo “pagar” un dogma con fanatismos
inéditos encadenados a tradiciones ancestrales. Ya no importa el calibre de las
aberraciones que implique, hay que pagar porque lo dicen los “jueces”. No sólo
los “jueces” serviles al capitalismo sino los “jueces” jerarcas de la moral
burguesa que norman la calidad de la honradez con el monto de lo que se paga y
nos lavan el cerebro para “honrar la deuda”. No importa si caminamos al abismo
de la peor crisis de miseria y despojo que hubiésemos imaginado… ellos quieren
que paguemos con el cerebro bien lavado y dispuestos a cumplir con los pagos
próximos fijados hasta la eternidad.
No diremos que no nos lo avisaron. Llevamos
siglos de inventos y estragos en el arte de lavarnos el cerebro. Hay escuelas,
debates y tendencias diversas que, a cual más, se disputan la paternidad de una
u otra “técnica” mejor parar un
lavado eficiente y a fondo. Hay universidades especializadas y hay premios con
prestigio planetario para aquellos que, todo o en partes, perfeccionen el
lavado de cerebros en sus versiones individuales o de masas. Tienen en ese
círculo de notables sus “sitiales de número” las iglesias y las sectas aunque
cueste cada día más trabajo distinguirlas de los canales de televisión
burgueses, de algunos partidos políticos y de algunos centros de investigación
y enseñanza científicos.
La
Batalla de las Ideas es la lucha de clases expresada en pensamiento para la acción
revolucionaria. Es deber de nuestra lucha anticapitalista y mundial entender
que la transformación del mundo radica en la modificación de las relaciones de
producción y también en las ideas sobre la realidad para la vida igualitaria y
justa en colectivo. Para eso es preciso identificar y desactivar todas las
armas de guerra ideológica que la burguesía ha inventado y disponernos a
desarrollar antídotos como estrategias con métodos revolucionarios del
pensamiento y de la acción en simultáneo.
De nada
va a servirnos vivir como plañideras por más efectivos que sean nuestros
análisis y reclamos. Es hora de avanzar y no quedarnos en la queja, en la
observación o en el diagnóstico porque urge integrar todas nuestras mejores
fortalezas en un programa de unidad y lucha creadoras que dé a la producción de
ideas su lugar obligado e indisoluble en la producción de acciones
transformadoras. Es urgente y es posible por más que quieran lavarnos el
cerebro con el cuento del “fin de la historia”. Ya basta.

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