imagen encontrada en http://www.mikegainer.com/gallery/misc.shtml
Teoría de la Traición
¿Es traición la plusvalía?
¿Espiar es traición? ¿La usura es traición?
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía
No todo engaño es, necesariamente, una “traición” ni todo cambio de
opinión es, por sí mismo, un acto de “traición”. No hay moral monolítica que
resuelva ese galimatías. Dice el diccionario en sus ambigüedades: Traición. 1: f. Violación de la fidelidad o lealtad
que se debe. 2: Delito que se comete contra la patria o contra el Estado, en
servicio del enemigo. 3: a traición loc. adv. Alevosamente, faltando a la
lealtad. 3: alta traición. La cometida contra la soberanía, la seguridad o la
independencia del Estado. ¿Y si el estado es burgués, represor, espía y
belicista? ¿Lealtad a quién, a qué, por qué?
Todo en el capitalismo está infestado con las traiciones que conlleva
un modo de producción corrupto, por definición, que prohíja engaños a mansalva
para mantener a los pueblos ciegos y sordos frente al espectáculo criminal de los
despilfarros seriales burgueses, animados de belicismo mercantil. “Lealtad y filantropía tienen una misma raíz
feudal” dice Iván Padilla.
El capitalismo tiene su propia “teoría y práctica” de la traición camuflada
como “doctrina del desarrollo” para imponérnosla como la zanahoria al burro. Su
aparato ideológico produce traiciones a granel para que el pensamiento del
proletariado se empantane en las cloacas del ilusionismo y la cultura chatarra.
No obstante la clase trabajadora sabe cómo opera el cuchillo que atacará, por
la espalda, porque ataca diariamente y, a pesar de saberlo, el miedo pavimenta
la autopista de la traición y solemos quedamos indefensos en el baile de mascaradas
burguesas que quieren imponernos como “ bonita tradición”. Desfalcar los
principios acordados y mandatados socialmente es traición.
Una “traición” que duele es aquella que proviene de alguien en quien
confiamos o creemos. No es el caso del capitalismo en el que ni creemos ni
confiamos. “Sobre aviso no hay engaño”. No obstante ha operado como una maquinaria
de “traiciones”, que ha humillado la confianza que algunas veces los
trabajadores han tenido en la palabra dada o escrita. No obstante nunca está de
más cuidarse las espaldas, mientras se viva en un sistema especialista en
traicionarlo todo, incluso a sí mismo con sus baluartes, como en las luchas
inter-burguesas y en el desarrollo de
los monopolios. Característica suprema de la fase superior del capitalismo. La
puñalada no siempre vendrá por la espalda, no hay honor en la burguesía donde
cada cual atiende su juego de intereses, donde el otro es un estorbo, una
amenaza o un enemigo. La lucha de clases está plagada con traiciones que la
burguesía planea día y noche en lo objetivo y en lo subjetivo. Circo ideológico
burgués, perverso y paranoico, en
el que todo es mentira… incluso lo que hace para que parezca que no todo es traidor ni falso. Para muestra están los
botones reformistas.
Las organizaciones de la burguesía se construyen para sabotear la
fuerza social revolucionaria. Hay que desconfiar del capitalismo, de sus “mitologías”
y de sus deseos consagrados
sistemáticamente a la alienación de los trabajadores. La ideología de la clase
dominante es precisamente una bestia nómada que transita y muta permanentemente
entre anti-valores. Hay que
combatirla en todo terreno (y de todas las maneras) porque siempre quiere
sedentarizarse en las conductas y los pensamiento de la clase trabajadora. No aceptemos
a los traidores que siguen prometiéndonos más “felicidad” burguesa. El
verdadero cambio político consiste siempre en suprimir la propiedad privada,
devolver a los pueblos su derecho a la propiedad que otorga su trabajo y
derrotar en toda la línea a la ideología de la clase dominante. Que mande la
voluntad mayoritaria del proletariado. No hay engaños.
La traición no es un terreno reservado a los moralistas, la traición es
consustancial al capitalismo, para el cual no traicionar es perecer porque la
traición es la expresión superior de su pragmatismo y ese se aloja en el centro
mismo de sus intereses mercantiles. El modelo de traiciones burguesas exige tener
adaptación constante de los espejismos en la conciencia de los pueblos y de las fuerzas subterráneas de los intereses bancarios. Requiere
la traición como sistema de gobierno. El Alma Mater de los Reformistas. Hasta
Judas se asusta.
En la mercancía habita una trama de traiciones al trabajo y esto
significa, en primer lugar, que cada vez tenemos más falacias de mercado infiltradas
por el sistema como su maquinaria de espejismos. Si queremos desnudar al
capitalismo hay que aferrarse a evidenciar su sistema de traiciones. Una clave
interesante sería la noción de “verdad” que tanto manipula el buen burgués y en
lo que, para ocultarla, gasta fortunas permanentemente. Dicho de otra manera,
la traición es exactamente la estrella narcisista fabricante de miedo entre “traiciones
internas” “Altas traiciones” planeadas detrás de la máscara del “buen burgués”,
de sus moralistas, de sus abogados de un modo de producción degradante ideado
para no cumplir con otra cosa que con sus intereses y exudar demagogia que no
es otra cosa más que la hija perversa de la democracia burguesa, del poder de
las armas y de sus mass media. El
colmo de las traiciones.
No hay novedad. Para la burguesía la traición a los trabajadores es un logro moral cuya naturaleza es la
expresión de su cobardía criminal. La traición es una necesidad imperiosa del
Capitalismo y debe hacer gala de elasticidad para intervenir en los sus
intereses donde la traición es elemento cotidiano del ejercicio de su poder. La
traición es, pues, una conducta permanente de la irracionalidad. Infidelidad y
mentira del el traidor es proceso disfrazado de legitimidad para destruir a la
clase trabajadora y suprimir su fuerza revolucionaria. Estamos obligados a luchar
contra la burguesía especialista en traicionar todo a punta de engaños y
balazos. Luchar contra la burguesía y su partidos “nacionales” que anhelan
dirigir a los trabajadores hacia el abismo y sacrificarlos, en cuerpo y alma, en
la trituradora humana que es la guerra imperialista, que es el comercio burgués,
sólo que por otros “medios”. Abel y Caín parecen niños de pecho.

No hay comentarios:
Publicar un comentario