Barbarie Norte-Norte
Las migraciones no caen del cielo.
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía
Urge la unidad Sur-Sur
Todos los días millones de personas expulsadas de sus tierras, por
razones variopintas e interminables, van condenados por el capitalismo en
búsqueda de migajas laborales y limosnas políticas. Van con su carga descomunal
de miseria planetaria a hombros y con la esperanza de que la suerte acompañe
para no morir en el intento. En Alemana, en Italia, en Francia, en España… y en
USA, por ejemplo, políticos, clérigos y empresarios se reúnen para ensayar
gestos de perplejidad y consternación. Se aplauden, se dan palmaditas en la
espalda, reúnen algunas dádivas y vuelven satisfechos al sueño uterino mass media con sus cámaras y sus
micrófonos entrenados en inocular un poco de tranquilidad a sus jefes bancarios
y a sus pares empresarios. “Ya se han tomado las medidas pertinentes para
atender esta emergencia”.
En un sector nada pequeño de la burguesía planetaria vive la idea de
que la “Gente que Hace”, es decir la que es realmente útil y productiva, es
aquella que “hace” negocios, que acumula propiedades y que “hace” dinero. Lo
dicen sin empacho en público y en privado, es una convicción enraizada y es un
pilar de la ideología dominante. Todos los demás son un lastre, son un estorbo
o son enemigos del “hacer”. Y cuestan mucho. En España ya se organizan los
muchachos enamorados de la limpieza… étnica. En Argentina la derecha cuenta con
no pocos que están emocionados.
Ese sector siente y cree que el mundo ha sido hecho por ellos y para
ellos, es su mundo. Sienten y creen que todo lo que los “otros” hacen y exigen es
un despojo, un hurto, un parasitismo de la mayoría que no sólo oficia de lastre
sino que afea y vuelve peligroso el “paisaje”. La burguesía se solaza mirándose
en el espejo de una ideología engreída basada en la exclusión y en el
desprecio. Es la irracionalidad funcional a la propiedad privada.
A tal punto llega la petulancia y el engaño que se convencen a sí
mismos y a -otros- de que el Trabajo son ellos, de que son ellos quienes más
trabajan y que su “misión salvífica” es “dar trabajo” a los “más necesitados”.
Van a misa comen la ostia y se sienten buenos. Después no saben explicarse cómo
hay gente que abandona sus países para ir a padecer, como inmigrantes, las
injusticias que eso conlleva. ¡No se lo explican!.
Queda bajo el tapete del
escenario histórico oligarca, escondido con escobas ideológicas, militares y
policíacas, el horror del saqueo, la monstruosidad del despojo y desde luego el
flujo de ganancias que transita de un país saqueado hacia los bancos de los
paraísos “centrales” donde la “tele” exhibe estupefacta a toda esa gente subida
en barcos tratando de colarse al “primer mundo”. El burgués se asusta, se
siente acorralado, no quiere a tanto pobre cerca de sus barrios y toma
decisiones nazi-fascistas disfrazadas de filantropía.
Mientras tanto no cesa el saqueo ni en Libia, ni en Irak. Tampoco cesa
la esclavitud ni el despojo en África ni en la India, ni en China. Ni en México
ni en Centroamérica… “En los años 60 del siglo pasado, en pleno proceso
descolonizador, África exportaba alimentos a razón de 1,3 millones de toneladas
anuales. En la actualidad, África tiene que importar el 25% de los alimentos
que consume, al tiempo que las muertes por hambre son algo corriente.”…“Y los
beneficios de estas empresas son exorbitantes. Tenemos unos datos de 2007: ― Cargill aumentó sus
ganancias 36 por ciento; ADM, 67 por ciento; ConAgra, 30 por ciento; Bunge, 49
por ciento; Dreyfus, 77 por ciento, en el último trimestre de 2007. Monsanto
obtuvo 44 por ciento más que en 2006 y Dupont-Pioneer 19 por ciento.”…
“―Liderando el saqueo
internacional de negocios agrícolas africanos se encuentran bancos de
inversión, fondos de cobertura, comerciantes de materias primas y fondos
soberanos que atesoran riqueza, así como fondos de jubilación británicos, y
fundaciones e individuos atraídos por obtener algo de la tierra más barata del
mundo. Juntos están perjudicando a Sudán, Kenya, Nigeria, Tanzania, Malawi,
Etiopía, Congo, Zambia, Uganda, Madagascar, Zimbabwe, Malí, Sierra Leona, Ghana
y otras naciones africanas. Solamente Etiopía aprobó 815 proyectos agrícolas
extranjeros desde 2007‖ (43). Multinacionales como
las norteamericanas ADM (Archer Daniels Midland) o la británica Actis están
destinando millones de dólares para la adquisición de tierras en el Tercer
Mundo.”[1]
Podríamos ahogarnos con cifras y datos en el inventario del horror planetario
desatado por el
capitalismo. Podríamos paralizarnos y deprimirnos a no ser porque en el centro
mismo de ese infierno explotador e inhumano los pueblos luchan a su modo, y
como pueden, contra la barbarie que los aplasta. No es cosa sólo de tener a la
vista el “festín de la bestia” para, con eso, esperar un salto de la conciencia
y un estallido organizado y revolucionario. Ninguna revolución se comporta
linealmente ni opera con manuales del “usuario feliz”. Los métodos emergen de
las condiciones objetivas y del grado de conciencia que asciende de ellas
cuestionándolas para superarlas en la práctica. Eso lo sabe la burguesía
también.
Es una tarea crucial no bebernos las “lágrimas de cocodrilo” con que la
ideología de la clase dominante se aparece en la escena mediática a proveernos su rostro compungido por los
miles de muertos en el mediterráneo o por los pobres que buscan pan en “tierras buenas” llevados por no se sabe qué aventura
o qué ilusión. Es parte de la Batalla de las Ideas explicarnos -y explicar- que
antes de que esos miles se jueguen la vida en migraciones criminales ya han
ocurrido en sus países saqueos, crímenes y despojos a mansalva y que el
capitalismo, simplemente, no tiene salidas.

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