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Ideología Chatarra para Niñas y Niños
Crueldades mercantiles contra la infancia
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía
En nuestras narices, con nuestro dinero, nuestras complacencias y
complicidades –sepámoslo o no- se descargan, minuto a minuto, ráfagas de
violencia ideológica contra los más indefensos en el imperio oligarca de la
indefensión social. No importa el horario, no importa el tema y no importa el
impacto… siempre hay un adulto o varios haciendo y diciendo barbaridades a
destajo ante los ojos de niñas y niños victimados en todo el planeta. Y parece
tan “natural”.
No contentos con el confinamiento
diario a que niños y niñas, de cualquier edad, son sometidos en
establecimientos “educativos” inventados para amaestrarlos “culturalmente”;
tenemos al aparato ideológico de las religiones, las iglesias, las pedagogías y
las didácticas insufladas con ideología publicitaria, con anti-valores
individualistas y fanatismos consumistas a mansalva. Y el reino de la “tele”. No
contentos con semejante avalancha de estiércol ideológico, se desarrolla un
arsenal tecnológico demencial que hace de las suyas en las cabezas de los
“menores” según el poder adquisitivo de los padres y como “premio” ideológico para
“las horas libres”.
Esto no es una arenga contra la Educación, es una reflexión contra esa educación que el capitalismo impone como
modelo sacrosanto de saberes indispensables para fecundar mentalidades dóciles,
cómplices de las aberraciones consustanciales del modelo de saqueo y explotación
depredadores que reina planetariamente. Esto es un llamado de atención no sólo
sobre el papel que cumple el aparato ideológico de estado y de gobiernos
gerenciadores de esclavitudes laborales e intelectuales a diestra y siniestra,
sino también contra las jaurías de comerciantes que con toda impunidad inyectan,
en las cabezas de los “pequeños” su basura en todo el planeta. El plan
“educativo” del capitalismo ni es intocable ni es ingenuo y es obligación de
los adultos presentar frentes críticos ante cada cosa que se impone a los niños
y las niñas que no pueden defenderse ante semejante agresión legalizada y
legitimada con indiferencia, ignorancia y apatía.
Muchos anhelamos una gran revolución educativa mundial que es
impensable bajo las premisas del capitalismo. Premisas que son inhumanas,
antisociales y enemigas del desarrollo integral de los talentos. Baste
recordarnos siempre que la mayor industria capitalista es el negocio de las
armas y las guerras el lado de la industria del “entretenimiento” y la
manipulación psicológica de las masas sin detallar los negocios del
narcotráfico y la usura bancaria.
Hay agresiones ideológicas contra niñas y niños en todas las temporadas
del año. Las hay para la mañana, para el medio día, para los atardeceres y para
las noches. Incluyen alimentos basura, conductas basura, valores basura y
sistemas de premios o castigos y entretenimientos basura. Radio, televisión,
prensa, Internet… juegos de mesa, juegos de piso, juegos de conjunto y juegos
“digitales” a cual más pensados como mercancías de sometimiento y chantaje que
los adultos pagamos y santificamos en beneficio de las más aberrantes lógicas
de amaestradores.
El ya de suyo inmenso desafío de ganar la Batalla de las Ideas al
capitalismo tiene frentes de urgencia y dificultad extrema y esos frentes son
sin duda los espacios donde la agresión ideológica burguesa recrudece contra
los más indefensos disfrazada como “payasos”, cereales “supervitaminicos”,
confiterías y caramelos de toda ralea, juegos y juguetes perversos y cajas ilusionistas
de toda especie incluida la especie “play
station” y sus adlátere. Y los
adultos son no sólo financistas, cómplices y proveedores sino son también agentes
activos de la inoculación ideológica con argumentos plagados con barbaridades
de tono paterna, maternal o didáctico. Cuando la víctima reproduce el rol del
victimario.
Hay “papis” y “mamis” que se sientan, con gesto condescendiente, a
jugar con las niñas y los niños con la basura ideológica que les provén. Cree
que así cuidan mejor del sano desarrollo intelectual de sus críos y respiran un
aire e satisfacción por el deber mercantil cumplido saturando con dispositivos
de control las horas del “esparcimiento” familiar. Hay cuadros patéticos y hay
que decirlo con toda crudeza fraternal. La crítica (y la autocrítica) no pude
quedarse a las puertas del salón de juegos.
En un ejercicio de procuración social de salud mental para las
relaciones inter-familiares, es indispensable un análisis minucioso, una
semiótica de acción directa sobre el arsenal de juegos y juguetes, sobre el
conjunto de los dispositivos materiales e intelectuales que pagamos y
bendecimos para que se estancien en las cabezas de nuestros hijos. Es necesario
y es indispensable un inventario de los objetos de entretenimiento o de
formación que hemos puesto en manso de los “menores” y e necesaria una
auditoria de los valores que de inicio o residualmente se imponen en la
formación del pensamiento y de la acción con que queremos que nuestros hijos
transiten la ida. Los resultados pueden ser horribles si somos honestos. Son
nuestro retrato.
Ya sabemos que existe un catálogo enorme de justificaciones o excusas
escapistas, creadas incluso por quienes fabrican los dispositivos ideológicos,
para que zambullamos en las cabezas de nuestros “peques” dosis generosas de
dispositivos enajenantes. Ya sabemos que hay murallas de conformismo, de
repelencia y de obsecuencia… capaces de blindar la conciencia incluso con cataratas
de palabrería obtusa. A todo galope. Y santo remedio, muchos “papis” y “mamis”,
tras buenas duchas de saliva exculpatoria, saldrán felices a comprar más
artilugios para domesticar a sus “retoños”. El capitalismo, con todas sus
instituciones educativas, culturales o de “entretenimiento”, cuenta para hacer
su trabajo con padres y madres cómplices, casa por casa. Cuenta con familias
enteras para cumplir sus tareas alienantes.
Y encima, hace de eso un gran negocio. Y lo pasan por la tele.

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