Semiótica de la Radio
Meditaciones para una filosofía de la escucha
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía
Para fortuna de la humanidad entera el universo sonoro está por
descubrirse en su riqueza, su amplitud y su profundidad especialmente si se lo
piensa como materia promisoria de la que están por surgir experiencias
revolucionarias inéditas y lenguajes emancipadores de todo género. Contra las
opiniones sepultureras o sabihondas que creen haberlo inventado todo, o las que
ya “se saben la historia” de ida y vuelta, emerge aleccionador un caudal de
producciones radiofónicas que marcan hitos y rumbos en el trabajo nada fácil de
producir sentido nuevo con materiales sonoros, humanos o no, conocidos y por
conocerse. Escuchemos.
Sólo el campo de la modulación con voces humanas, es decir el desafío
de conocer y manejar énfasis, giros, acentos, texturas… en intensidades tejidas
con intenciones, conceptos, afirmaciones o expediciones intelectuales; sea en
soliloquios, en diálogos o en polifonías vocales… sólo el espectro amplísimo de
las combinaciones de la voz humana para alcanzar conciertos de la palabra,
ricos en ideas y en sonoridad pertinente, está por alcanzarse lo mejor para que
logremos derrotar al palabrerío atronador predominante plagado por la miseria
sonora y el descuido más absoluto en el aprovechamiento de la riqueza acústica
de la voz humana y de millones de sonidos. Arte de respiración y comprensión de
ideas trabajando en beneficio sonoro muto. Arte de locución y hondura acústica para
comunicar hasta lo más simple. Estamos lejos de eso cuando escuchamos la radio miserable
que nos imponen. Claro que hay programas y claro que hay talentos
transformadores. Falta que se los tome en serio. Son las excepciones.
Están en fase de saturación y vencimiento todas las fórmulas, manidas y
re-manidas, con que se produce la radio que más conocemos. Por culpa de los
intereses mercantiles; de su estética bobalicona y escandalosa; de su falta de
respeto sistemática hacia las audiencias; de su pobreza originaria y sus
objetivos miserables; por culpa de la ignorancia y por culpa de los saberes
falaces de un sentido común mediocre que hace de su mediocridad un escándalo en
ondas hertzianas. No queremos más un “locutor” (o varios) parlanchín y sobrevaluado,
dispuesto a hacer todas las piruetas mercantiles que se le ocurran a él o a sus
productores o patrocinadores… no queremos más la vulgaridad del facilismo
socarrón traficado como si fuese gracioso;
no queremos más la dosis de morbo o chisme, las canciones o música de relleno; no
queremos la agenda noticiosa más crápula sobre la mesas de la radio ni al lado
de los micrófonos; no más “tandas” y más “tandas” de anuncios (cuando se los
consigue) ni la retahíla insoportable de vociferaciones y alharacas espetadas impúdica
e impunemente como condimentos, reiterados hasta la nausea, a lo largo y ancho
de los cuadrantes radiofónicos en todo el mundo. ¡Basta!
Es el reino del facilismo radiofónico que no cuenta con muy pocas
excepciones porque también son muy pocos los audaces dispuestos a la investigación
semiótica y a la experimentación dirigida en materia de producción radiofónica.
Para colmo, una mayoría inmensa de universidades dotadas con carreras
relacionadas, no hace otra cosa que fabricar estereotipos serviles al modelo
burgués de realización radiofónica y lanza al “aire” ejércitos de
“profesionales” troquelados para la servidumbre de la mercancía en sus
versiones objetivas y subjetivas. Un derroche generoso de naderías con títulos
universitarios. ¿Es esto muy cruel?... más cruel es oírlos y oír en su
palabrería el tono triunfalista de la moral burguesa. Los más afortunados cobran por eso.
Un apartado tenebroso y maligno está en quienes se atrincheraron en la
radio para operarla como arma de guerra ideológica disfrazada de “noticiero”.
Los hay de todo pelaje. Mañaneros, trasnochados y de medios días. “Juegan” a
todo lo imaginable en el margen estrechísimo de su imaginación, su inteligencia
ínfima y sus intereses de mercado. Hablan como si supieran de qué hablan,
opinan con su ideología chatarra camuflada con altisonancias o vocecitas tersas mientras repta la
bestia de sus negocios rumbo al oído victima del auditorio que han cooptado. Esos
mercenarios de las noticias hacen malabares parlanchines para hacernos creer
que se traen la “realidad” entre manos. Que lo saben todo y que lo explican
todo con silogismos de pacotilla provistos por la billetera de sus jefes y su
ideología de siervos-verdugo.
Casi todo lo demás son chismes y chistes de la farándula y de sus
radio-divulgadores con sus vulgaridades, enfermos de mediocridad
consuetudinaria y progresiva; música y cantantes mediocres; ensaladas de
mediocridad a granel. Sólo algunas estaciones radiofónicas, en algunas
universidades y en algunos proyectos de comunicación pública, en algunas radios
alternativas y comunitarias; en algunos ejercicios de circuitos cerrados… orientan
su producción bajo la consigna de salir del fardo mercantilista y de modelos de
producción miserables para ofrecer (y ofrecerse) remansos de inteligencia y
sensibilidad ricas capaces de ejercer el poder cognitivo de la poesía (en su
sentido mayúsculo) apoyado en la riqueza y la economía política de los sonidos:
del dicho al hecho.
Está por desarrollarse la semántica y la sintaxis nuevas para una radio
basada en explorar los núcleos de tensión dramática donde se alimenta la
historia humana y toda historia. La emancipación del relato hoy en garras de la
ideología de la clase dominante. Está por desarrollarse una semiótica de
hondura inteligible, comprometida con los dilemas humanos más grandes que son
los cotidianos y los nuestros... los de cada día. Está por saberse, y hacerse
saber, el espectro de los colores en la palabra con sus desarrollos orquestales
más seductores hasta explicar lo necesario entre vocabularios más ricos cada
vez al servicio de la comprensión y de la emoción puestas a movilizarnos
críticamente. Está por desarrollarse la estrategia narrativa de una producción
radiofónica revolucionaria en la que los mandatos de la unidad de los pueblos
afiancen la particularidad de sus protagonistas y nos deje oír su pulso y su respiración en el fragor de las luchas emancipadoras. Todas las
luchas.
Está, pues por nacer lo nuevo y lo mejor de la experiencia radiofónica
emancipadora que será realmente otra sin el yugo demencial del capital
amordazando a la humanidad. Ese es el dilema. Pero es necesaria la
especialización de los protagonistas en esa batalla de las ideas radiofónicas.
Es urgente la formación científica, estética, política y poética para
transformar la radio y al mundo. Tomar el cielo
sonoro por asalto. ¿Se escucha?
Imagen encontrada en http://max-elblog.blogspot.

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