En Tren de Saber
Universidad Nacional de Lanús
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la
Filosofía
Sépase -por si no se sabe- que
alguien una vez, con todas las fuerzas de su imaginación, de su voluntad y de
sus convicciones se puso a rescatar los viejos edificios ferroviarios que el
neoliberalismo convirtió en basura
para instalar en ellos, renovados, una Universidad a “todo tren”. Ocurrió con
la dirección de Ana Jaramillo en Lanús, provincia de Buenos Aires, Argentina.
Sépase.
Sépase, también, que aquello que
fue un muladar humillante contra el pueblo argentino es hoy un viaje sin
retorno a la dignidad con paradas planificadas en todas las categorías del
conocimiento para dirigirse a la resolución de los problemas sociales en orden
de importancia. Y nadie se baja. Están ahí los andenes convertidos en aulas,
talleres y galerías de arte permanente. Están ahí las otrora oficinas transformadas
en centros de investigación y están las vías simbolizando el trayecto de mil
tareas políticas dispuestas a revolucionar la educación, sus instituciones y su
servicio patriótico. Está pues todo dispuesto para un viaje extraordinario a
las mil “ciudades del conocimiento”. Están los valores sociales convertidos en
prestigio académico.
Es un predio enorme rescatado y
resucitado del abandono privatizador ignominioso. Es un terreno inspirador y
atrapante por donde transita gente buena en todos los sentidos. Van y vienen los que estudian, los que enseñan, los que
auxilian, los que divulgan, los que pasean y los que, sólo porque sí, van de
anden en anden saboreando el aire de victoria que se respira en este logro
universitario público, laico, plural, gratuito y cercano. Los edificios portan
los nombres de los grandes pensadores argentinos, los parques son plazas
dedicadas a la memoria, a la verdad y a la justicia. No hay rincón que no
recuerde a la “Patria Grande” porque este espacio del saber dinámico se ha
vuelto casa de miles de estudiantes, de todas las edades, venidos de todos los
rincones de nuestros pueblos y nuestras luchas.
La fortaleza académica que se
respira en esta Universidad Nacional de Lanús no proviene sólo de la erudición
y especialización de vanguardia, probadas, de sus docentes y sus estudiantes
sino, además, del compromiso social de intervención científica avanzada ante
los problemas y las luchas de los pueblos. Eso funda una moral de trabajo y una
ética pedagógico-didáctica que no tiene más límites que los de la imaginación
creadora. A ésta universidad acuden igualmente los lideres sociales de los
barrios aledaños tanto como los muchos lideres nacionales e internacionales que
han sido doctorados por su aporte al saber emancipatorio en todas sus formas
teóricas y prácticas. Es un tren que se
mueve con la gasolina de esos valores.
Esta universidad es también un
campus simbólico en el que se cultivan acciones humanistas fundamentales. Eso
es nutriente básico con el que se produce y se comparte el conocimiento que no
sólo viene de los “eruditos” sino que se amalgama y amasa en una mística de la
acción vívida que da identidad a esta universidad y la diferencia de otras sin
dejar de hermanarlas. Metro a metro uno encuentra gestos fraternales y actos
solidarios. Hay abrazos y hay besos entre estudiantes y profesores, hay
solidaridad y hay compromisos entre todos los que ahí trabajan y no hay
problema que no tenga carácter colectivo a la hora de encarar soluciones. ¿Es
increíble?
Por lo general uno tiene confianza
por aquellas universidades que “el tiempo” ha esclerotizado entre burocratismos
y clientelismos de todo tipo. Un tiende a desconfiar de que se cumpla lo que se
debe cuando se mira el déficit educativo de los países y las regiones y cuando
se sabe que las universidades, también, han sido usadas para reprimir saberes y
luchas antes que para fortalecerlas y acompañarlas. Esta universidad en Lanús con
su praxis asimila un rol transformador que la hace especial y la hace
extraordinaria. Y no es porque sea perfecta, porque no tenga problemas y
faltantes de todo tipo, porque no le falten pasos y le falten apoyos… es porque
prima en el sentir de quienes ahí hacen vida, la certeza de un viaje en el que
sólo se avanza si entre todos empujan. Y eso enamora. Sólo hay que verlos.
Hoy el otro tren, el que ha
recobrado el Estado para su pueblo, pasa muy cerca se lo escucha llenando el
aire con su recordatorio incesante de pasado, de presente y de futuro. Se lo
escucha refrescando la certeza de que el viaje aun es largo y de que va por
buen camino. En la Universidad también. A uno lo envuelve una especie de
atmósfera romántica rodeada por
trenes revividos al fragor del saber y del comunicar saberes y dudas. Una
especie de regalo a la imaginación y al espíritu para que aprendamos a ver cómo
es posible convertir en realidad un sueño por el que se lucha con tenacidad y
compromiso, como han sido los 16 años de vida de la Universidad Nacional de
Lanús y como serán los próximos.
Y no hay duda que la cualidad
más seductora y desafiante de esta Universidad es que llegará más lejos cuanto
más crezca en respuestas concretas y en intervenciones científicas, culturales,
políticas… más grande se hace cuantos más estudiantes suben al tren del saber que parte rumbo al futuro
con cada anhelo que llega en búsqueda de saber y de ser, en búsqueda de
dignidad y de identidad, en búsqueda de aprender para servir. Lo he visto y lo
aprendí ahí. Sépase que eso existe, no exagero. Imposible no contarlo.

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