Semiótica de las Noticias Burguesas
La semiótica no es un campo indemne en la disputa
del sentido.
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía
Eso que llaman “noticieros” (en las máquinas de
guerra ideológica llamadas “mass media”)
son unidades de combate en la disputa semiótica que el capitalismo impone para
deformar y manipular la realidad su conocimiento y su enunciación. La garantía
de éxito radica en la lógica de los monopolios y en la repetición -hasta la
náusea- del canon de estulticia refinado con chatarra ideológica. Silenciar a
todos para imponer una sola voz. Formatear cerebros con moldes de mansedumbre.
¿Quiere el enemigo de clase mantenernos bien informados? ¿Para qué? ¿Según
quién?
Todavía cuesta trabajo (a no pocos) aceptar que
vivimos bajo los proyectiles ideológicos de una guerra mediática, incesante y
multifacética, abierta de “par en par” para hacernos aceptar, sin reparos, el
mundo como nos los imponen… para obligarnos a financiar sus maquinarias de
mentiras y aceptarlos con aplausos y sumisión desde el alma. Aunque es verdad
que los destinatarios no son “robot” que acepta linealmente toda basura que le
impone, es igualmente cierto que la mentalidad
de los pueblos está secuestrada entre jaulas de falacias monopólicas donde el
pensamiento crítico se persigue, se sataniza y se ridiculiza. Es, tal cual, una
guerra asimétrica. Y desde luego no se ignora que las masas están fermentando,
también, su emancipación informativa. No aceptar que se trata de una Guerra nos
condena a la ignominia y al silencio.
Dicho de otro modo, la complejidad semiótica de las
noticias burguesas radica en la sofisticación ideológica y tecnológica de las
mentiras y las calumnias tejidas con protagonistas de ocasión y blindaje de sus
(por definición) corruptelas de forma y fondo. Su “maná” es el linchamiento de
los líderes sociales y la neutralización de las movilizaciones populares. Es su
orgasmo represor consuetudinario. Pagan mucho dinero por lograr eso. Y todo es
reductible a la mercancía (las propias noticias lo son) en su mercado de
competencias que a fuego abierto, con horarios precisos, disparan contra la
población hasta derrumbar todo bastión democratizador del derecho a la
información y a la comunicación. Una “tomografía computada” de las noticias
deja ver el catálogo completo de las taras con que se fabrica el “equilibrio”
informativo que siempre se cae hacia la derecha.
Esa disputa por la producción de sentido en las
“noticias” tiene ingredientes que se repiten al antojo de los escenarios en los
que se lucha para reprimir u omitir al enemigo de clase que incomode al libre ejercicio del hurto contra
el producto del trabajo. Es producto barnizado con alguna fuente de
ilusionismo, individualismo y egolatría burguesa; teñido por la moral de la
propiedad privada y de su fetiche multiforme en las mercancías. Es un gran
ejército para defensa de la propiedad privada.
Si la noticia burguesa sirve para algo eso se reduce
a convertirlas en expedientes de canalladas serviles al interés más aberrante y
no importa que se trate de “noticias del espectáculo”, “noticias rojas”,
“deportivas”… junto a su ser mercantil que se basa en su poder de espejismo
distorsivo siempre. Sólo se salva el éxito burgués, sus dueños y sus
sirvientes. Todo lo demás es carne del infierno dantesco en el que el proletariado ha de batirse entre detritus de “periodistas”. Cada día
todas las horas. Y sentir la satisfacción
de “estar bien informado” por el enemigo de clase.
A mañana tarde y noche la disputa (la guerra noticiosa) por dominar las herramientas
de producción de sentido se nutre con misiles de táctica y estrategia burguesa.
Quede eso bien claro. Ninguna semiótica que se precie, ha de estar al margen de
esta guerra y de su alma mater la lucha de clases camuflada como “noticia”. No
hay duda. La ética burguesa es rigurosa y no tiene fronteras. Especialmente en
el campo de las ganancias. Sus más destacados adalides son los que más pagan
por mentir y los que más se aplauden a sí mismos. Incluso con premios y
ovaciones académicas de mercado. Cumplen con su deber disciplinadamente, como
soldados cuya precisión de ataque y odio de clase se entretejen para mostrarse
“ecuánimes”, “informados”, “neutrales” y “profesionales”. En el alma de la
noticia, en su estructura interna la mentalidad burguesa sólo aspira a dar un
golpe certero, un crimen perfecto, una puñalada ideológica que anule al
destinatario. Que esconda la lucha de clases y haga invisible toda fuerza
transformadora en manos de los pueblos revolucionarios. La forma y el género
son sólo coartadas para desplegar munición y asegurarse territorios de todo
tipo.
En esto tenemos mucho por hacer comenzando por
reconocer nuestras debilidades revolucionarias en materia de producción de
información. Es frente concreto de batalla la batalla de las ideas
emancipadoras de las noticias. Es frente concreto desmontar sus diccionarios y
sus vocabularios, mayormente tributarios de anglicismos léxicos e ideológicos.
Es frente de disputa la sintaxis, el orden de las ideas, los valores y las
prioridades para la acción y las formas de enunciar la transformación del mundo
y al mundo mismo en todos sus espacios. Contra la sintaxis paupérrima con que
la burguesía pregona sus verdades de escuelita bobalicona y contra la
pedantería de los dueños del dinero. Tenemos el desafío de romper el cerco
monopólico que viola todos los preceptos y leyes del mundo incluidas las leyes
de comunicación que creó Ecuador, Venezuela y Argentina, que se atrevieron a
soñar la democratización de los medios y la desmonopolización de sus feudos
“mediáticos”. Eso sí es noticia.

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