“La Paz Sí es Contigo”
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía
Todas las cuerdas vocales ejecutan en Piedad Córdova una sinfonía de las luchas populares que nos
representan en clave de “SÍ mayor”. Su voz ya no es asunto de una sola persona
ni es sólo palabra colombiana. Es el clamor de humanidad que exige Paz por el
pasado, por el presente y por el futuro. Con urgencia. Ya tenemos con Colombia muchas
deudas. No hemos sido suficientemente solidarios ni nos hemos expresado como la
Historia lo ha requerido. Habrá que decírnoslo frente al espejo de la lucha
para que nos devuelva el retrato correcto de lo que debemos estar haciendo hoy
de la mano de quienes luchan sobre una “mesa de diálogos” por la Paz auténtica:
sin trampas y sin traiciones. Esta es una gran lucha por la Humanidad. Es
imposible, inaceptable, hacerse omisos o hacerse sordos incluso si se tienen
debates o desacuerdos con unos u otros métodos de lucha. Hace mucha falta la
crítica comprometida… en serio. En las “mesas de diálogo” por la Paz estamos
todos involucrados, aunque no lo sepamos.
Uno no se cansa de advertir a Piedad Córdoba los peligros -que ella
siempre parece aminorar- llevada por el fuego de una militancia irredenta y
ascendente en favor de la Paz en Colombia y en el mundo entero. Uno no se cansa
de admirar su motor -sus motores- humanistas que alimentan solidaridades de
todo género. A Piedad Córdova no le hacen falta argumentos para expedirse en
abrazos amorosos -como se debe- con todo aquel que, como ella, da la vida por la
Paz o es una víctima por la falta de ella.
Atreverse a hablar de Piedad Córdoba conlleva el reto de eludir simplismos
apologéticos de ocasión o festivales de halagos bobalicones. Las virtudes que medio mundo encuentra en Piedad Córdoba
deben ponerse a salvo del “culto a la personalidad” que suele servir para sacar
de la vista las mil y un batallas que esta mujer enfrenta a diario, incluso sin
medir ciertas consecuencias graves.
Por eso, para ella y para quienes arriesgan todo por La Paz, uno debe exigir
respeto por sus vidas y garantías contra la mano de los traidores que abundan,
incluso camuflados como “buenos muchachos” negociadores. Una y otra vez Piedad
Córdova ha puesto los pies en los escenarios más complejos y peligrosos. Ha
visto el horror mientras ha visto, también, su vida en riesgo bajo el silbido
de las balas. Algunos que hemos visto su llanto, su rabia, su impotencia… hemos
visto siempre su ternura de acero y su claridad política incluso en los
momentos más oscuros.
Contra Piedad se ha ensayado mil calumnias, mil puñaladas y mil
traiciones. Hay operaciones mediáticas en su contra y de tiempo completo pero
ella va y viene por el mundo, hace lo inimaginable para sumar voluntades. Explica
con paciencia militante siempre fresca, una y otra vez, ese su sueño tan enorme
y tan nuestro de ver a Colombia, inmensa y hermana, viviendo en Paz por fin y
para siempre. Pero no en una Paz de tontos ni en una Paz de inertes. Piedad
quiere una Paz dinámica, renovada y en pie de lucha. Paz en movimiento haciendo
y haciéndose justicia social. No una Paz de los que están cansados y resignan todo sino la Paz como un Derecho Humano cúspide
y brújula de todos los derechos. A Piedad se la ve, en escenarios más diversos,
ser siempre la misma. Torbellino de sueños empeñado en que soñemos todos
despiertos con la Paz para hoy y la Paz para el futuro.
Desde luego que la lucha de Piedad no es una sinfonía para una sola voz. Es el ensamble de millones de voces de
un territorio en disputa añeja. Voces de mujeres y hombres que sin importar
edad, color de piel, ni geografía hacen punto encuentro en la voz de Piedad. Gracias
a su ejemplo uno ama más a la Colombia que nos han invisibilizado. Por la
ternura de Piedad uno ama mejor las razones de las luchas que no quieren una
Colombia secuestrada por terratenientes ni por burócratas serviles al imperio.
Uno ama esa Colombia que expresa Piedad fraterna, pueblo, lucha y esperanza. Es
irremediable y es necesario. Se trata de un amor a Colombia que es intenso y es
doloroso. Que es telúrico e histórico. Que es ancestral y nuevo. Que es
beligerancia por la Paz. Que es su pueblo. No dejemos que nos la traicionen.
Es premisa entender que -en el mundo entero- los métodos para
conquistar la Paz han tenido diferencias sustanciales, contradictorias y
polémicas… y es premisa también fijar puntos de unidad incontrovertibles para
que la Paz no sea un término amorfo, ambiguo ni refugio de hipocresías
“políticamente correctas”. Uno de esos puntos de acuerdo, anclado a una severa
crítica al capitalismo, es la lucha por defender a los más débiles, frágiles y
víctimas de la guerra desalmada que las oligarquías han desplegado contra los
pueblos para saciar su voracidad de mercado despojando a los pueblos de lo suyo.
La lucha por la Paz es una buena manera de no olvidar que la guerra es el
comercio por otros medios y eso es monstruoso porque, entre todas las desgracias,
son los pueblos los que, extorsionados, terminan financiando la violencia que
se usa en su contra. Igual de monstruoso es que las víctimas lleguen a creer
que la Paz no es asunto suyo o que
la Paz ¡que es su derecho! es imposible o “utópica”.
La Paz en Colombia necesita de un portentoso movimiento comunicacional
mundial. La lucha por la Paz es también una batalla en el territorio “simbólico”.
Hay que decirlo de todas las maneras posibles. La Paz en Colombia no es asunto
sólo “técnico”, es asunto amores y de fraternidad… de belleza y de unidad. En
Colombia han cometido y se cometen atrocidades y horrores, incluso
comunicacionales, que no pueden quedar impunes ni invisibles. No deben servir
para inyectarnos miedos incluido el miedo mediático tan letal en muchas
cabezas. Tiene que ser así. Movimiento de la dignidad que toma la palabra y se hace clamor que exija respeto por la vida de
TODOS y Justicia Social. Ese movimiento de comunicación portentosa por la
Humanidad también es un desafío de cada día y de cada territorio de lucha.
Estamos sometidos a una guerra desalmada que nos quiere hambrientos y sumisos, nosotros
queremos dignidad y felicidad para los pueblos emancipados. En eso, Piedad
Córdoba nos muestra un camino en el que “la Paz sí es… contigo”. ¿Cómo no
seguirlo?

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