Ética y Semiótica del Informe MacBride
Algunas disquisiciones desordenadas para un Nuevo Orden de la
Información y la Comunicación
Rebelión
Fernando Buen Abad Domínguez
“La manera como se presentan las cosas no es la manera como son; y si
las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría.” K. Marx.
No se habían enfriado los
cadáveres en Vietnam, no salíamos aun del estupor por las carnicerías humanas
que la televisión trasmitía en los horarios de meriendas y en los periódicos
del desayuno… cuando la UNESCO propuso a Sean MacBride el desarrollo de un
Informe mundial (1976-1980) sobre los “medios de comunicación” y el papel que
jugaban y jugarían ante el Derecho de los pueblos recibir, proveerse y proveer,
información y comunicación. En 1983 el 90% de los medios en USA estaban
controlados por 50 empresas… en el año 2001 es 90% estaba controlado por 6
empresas.
En el corazón del Informe MacBride fluye un conjunto de preocupaciones
que no sólo tienen por ingrediente las preocupaciones por los desarrollos
comerciales de los medios, los avances tecnológicos y su distribución, los
problemas jurídicos y los problemas de Estado. Está, también, en debate y
diagnóstico el ejercicio de derechos cruciales que en el campo de la producción
de información y de medios para la comunicación social deben garantizar
igualdad de condiciones y libertad para las múltiples necesidades expresivas de
los pueblos. Está en debate la hegemonía del capital en la producción de
sentido y el papel de contra la emancipación de los pueblos.
De manera implícita el Informe MacBride abre la puerta para analizar
las herramientas con que será posible construir el Nuevo Orden que reclama para
la Información y la Comunicación más la forma de garantizar igualdad de
oportunidades e igualdad de condiciones a las “Voces Múltiples” que exigen su
lugar en “Un Solo Mundo”.
El problema es fundamentalmente económico. Ciencias como la Ética y la Semiótica
emancipadas de algunas hegemonías academicistas y léxicas, deberían ser
herramientas muy dinámicas y apasionantes para las tareas formativas y
prácticas en la lucha por el conocimiento social forjado de manera dialéctica y
no por métodos escapistas y aislados. Los aportes científicos no pierden
calidad cuando exponen, también, los planteamientos políticos transformadores
que los pueblos necesitan para sus luchas. Es urgente dejar de suponer que la
Ética o la Semiótica son disciplinas inconexas o formas pseudo-místicas asexuadas de uso exclusivo para
iniciados en los mieles de las canonjías y prebendas “académicas” .
Abundan los comunicólogos vendedores de vacío ideológico que
embriagados de sí mismos fabrican fetiches para olvidar la historia en que
viven. Ni falta hace escribir sus nombres. Son padres, padrinos o padrastros de
dogmas a granel cuyo destino primario es convertirse en objeto de repetición
zonza en bocas de algunos estudiantes condenados a la mediocridad de lecturas
infladas con alientos de cenáculos burgueses.
Ética y Semiótica han sido mal-tratadas como si fuesen mercancías
ideológicas impregnadas de subjetivismos y relativismos hasta la nausea. No son
pocas las bibliografías que miran en la Ética y en la Semiótica paraísos para
estudiar la realidad siempre reducida a juguete del racionalismo y del
empirismo más bobos. En esos paraísos es la conciencia la que determina al ser,
lo social es una entelequia sin manchas de clase y la historia es una rueda
tarada que no avanza. Lo más progresista
para ellos es el retorno a lo “primitivo”. Y sobre esa sopa de confusiones y
naderías flota una nata espesa de impotencia, inmovilidad y quietismo pasmosos.
Crema y nata del reformismo.
Ética y Semiótica deben convertirse pronto en herramientas para transformar
la base económica de la sociedad e impulsar una revolución de toda la superestructura.
Ser útiles a los cambios materiales de las condiciones económicas de producción
y ser útiles en la transformación profunda de las formas jurídicas, políticas,
artísticas o filosóficas de una sociedad nueva sin clases y sin patrones. En
suma ser útiles en el desarrollo de todas las fuerzas objetivas y subjetivas
que la humanidad necesita para consolidar la conciencia de sus fuerzas a la
hora de resolver definitivamente su emancipación. Es absolutamente indebido
desviar la praxis de la Ética y la Semiótica, de los hechos económicos básicos,
de las ideas políticas, de las estructuras jurídicas… y los actos condicionados
por ellas. El precio que se paga por esa desviación es que, entre otras
calamidades, se divorcia el contenido de la forma y caemos en la trampa
oligarca anhelada para hundirnos en errores y tergiversaciones.
Y cuando esa desviación determina nuestros métodos de análisis y de
acción, negamos su desarrollo social y negamos el papel y el efecto que la
Ética y la Semiótica desempeñan en la historia. Descubrimos que todo
tratamiento anti-dialéctico y metafísico de la Ética y de la Semiótica
distorsiona por definición los hechos económicos y los hechos subjetivos,
incluso desde sus propias causas. Y esa aberración es convertida en negocio de ellos para entretenernos con sus
aulas, con sus iglesias o con sus mass
media. Por eso hay que consolidar la Ética y la Semiótica como baluartes de
la Ciencia Revolucionaria.
Necesitamos una Ética y una Semiótica desalineadas para intervenir -en
clave de lucha- en la trama jurídica, política, religiosa, artística o
filosófica… así como en todas las formas “ideológicas” para desactivarlas de raíz
y esclarecer el cometido de inundar a los pueblos con “falsa conciencia”,
ilusionismo e inmovilismo que son motores de toda distorsión de la realidad. Requerimos
Ética y Semiótica como ciencias emancipadas para impulsar la emancipación de la
humanidad.
Más vigente que nunca, el Informe MacBride sobrevive al olvido que le
impusieron los comerciantes de la Información y de la Comunicación y hoy sigue
exigiéndonos las respuestas teórico-prácticas que más nos urgen, con la Ética y
la Semiótica emancipadas y emancipadoras, siempre a la mano de las luchas
populares. Sin olvidar la Estética.

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